El Dios de la Biblia ocupó guerra para lograr justicia en varios casos a lo largo del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, Pablo advierte que el gobierno no lleva la espada en vano. Con esto decía que el gobierno puede legítimamente matar en ciertos casos. El tema de ahora es la guerra justa, pero hay otras aplicaciones a lo que se ve arriba como la defensa legítima y la pena de muerte.

Una mala traducción de un mandamiento (no matarás en lugar de no asesinarás) y una sobre aplicación del Sermón en el Monte (aplicado a gobierno en lugar de relaciones interpersonales) ha generado una idea equivocada de que los cristianos deben ser pacifistas en cuanto a la política. Lo que se ve en el Antiguo Testamento, lo que el Nuevo Testamento dice acerca del gobierno, y la presencia de centuriones en el cristianismo neotestamentario son evidencias que desmientan tal equivocación.

Mientras el cristiano no busca guerras, la realidad del mundo caído no deja viable un pacifismo absoluto. El cristiano no busca venganza ni retaliación de ninguna forma, pero es el deber del gobierno hacer justicia y proteger a su pueblo. No es opcional para el gobierno, sino que es su obligación bajo los principios de Dios. Si un gobierno deja de cumplir con este deber básico, falla en su función según el esquema de Dios. Dios ha puesto a la iglesia como ministro del evangelio y al gobierno como ministro de justicia. Lo que se verá abajo se aplica al gobierno civil, no a individuos, grupos no gubernamentales, ni iglesias.

Para que una guerra sea justa hay varios criterios que deben cumplirse. El filósofo Arthur Holmes propone un buen ejemplo de los principios que se pueden aplicar para que una guerra sea justa. Evidentemente, la aplicación en la práctica no es siempre fácil. Sin embargo, lo que propone es un guía para dar algo de claridad en el tema.

  1. Una causa justa: la única causa justa es defensa. Ninguna guerra agresiva es justificada.
  2. Una intención justa: la única intención justa es la procuración de paz y justicia. Venganza y retaliación, ganancia económica, e intenciones semejantes están excluidas.
  3. Última opción: ya se ha intentado ocupar dialogo, sanciones, y otras vías para detener la agresión.
  4. Declaración formal: la guerra debe ser declarada por el gobierno por la vía legal que corresponde.
  5. Objetivos limitados: el objetivo es la procuración de paz (incluyendo prevención de ataques en el futuro cercano), no la destrucción total del otro estado.
  6. Medios proporcionales: los armamentos empleados deben ser apropiados para cumplir con el objetivo.
  7. Inmunidad de civiles: el estado defensor debe limitar sus ataques a militares y blancos relevantes. En cuanto es posible, debe evitar victimas inocentes.

Un cristiano puede y debe aprobar guerras justas. El cristiano puede y debe pedir en oración que haya paz y justicia según 1 Timoteo 2:1-4. El cristiano también puede participar en una guerra justa como parte de las fuerzas armadas de su país sin romper ninguna instrucción de Jesús. Coaliciones contra estados agresores (como los aliados en la Segunda Guerra Mundial) también son legítimas.

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