Hay muchas cosas que nos impiden en nuestro caminar cristiano. Estaba leyendo un libro con mi hija anoche y una de las historias que cuenta me hizo pensar. En la historia humorosa un niño en una escuela nueva tiene vergüenza y miedo. No corrige a su profesora cuando no dice bien su nombre al presentarle a la clase. Más tarde, piensa en decir algo, pero decide que si lo dice ahora, ella va a pensar que es raro por no haberlo dicho antes. En fin, el niño termina esperando meses para corregirla. Cuando lo hace, ella no piensa que fuera raro ni nada. Todo lo malo que pudiera pasar fue parte de la imaginación del niño. Tal vez fue una posibilidad, pero no es lo que sucedió. Pero, el juego mental que él tuvo le impidió mucho. Me hizo pensar en dos cosas.

Primero, me hizo pensar en los juegos mentales y/o ataques espirituales que impiden la vida cristiana. Uno falta cultos un par de semanas y, después imagina las reacciones de otras personas si aparece de nuevo. “Van a pensar que llegué solo por necesitar algo.” O, “a lo mejor no me quieren ahí.” O, “sería incomodo ahora, espero dos meses más y voy.” Tal vez vemos algo admirable en otra persona y pensamos “si hago lo mismo va a pensar que soy copión” y “si espero un año y hago lo mismo todos pensarán que fue idea mía”. Tal vez vemos una buena obra que debe hacerse y pensamos “todos van a pensar que lo hago por ser arrogante” o “si lo hago todos van a pensar que soy raro”. “Debe ser que si nadie más lo está haciendo que solo los débiles lo hacen”. Tenemos montones de excusas y pretextos para no hacer lo que conviene hacer. Hay muchos más como “otra persona podría hacerlo mejor” y “no soy adecuado”. Son ejemplos de cosas mentales que impiden el buen funcionamiento de la iglesia y el desarrollo cristiano de los creyentes.

No debemos ser como el niño en la historia. Debemos ser activos y hacer lo bueno. He comentado antes acerca de este concepto de imitación en 3 Juan. Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios. El que hace lo malo no ha visto a Dios. Demetrio tiene buen testimonio de parte de todos y de parte de la verdad misma. También nosotros damos testimonio y tú sabes que nuestro testimonio es verdadero. (3 Jn 11-12) Juan pone un buen ejemplo y dice que Gayo debe imitar a este hermano ejemplar. Incluso cuando tenemos mil razones por no hacer o decir lo correcto, tenemos que vencer tales obstáculos y hacerlo. No hay otra forma de desarrollarnos en Cristo ni de tener una buena iglesia. Tenemos que decir lo correcto de buena forma: Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo… (Efe 4:15) y tenemos que hacer el bien: No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos. Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe. (Gál 6:9-10) Cuando los Apóstoles tuvieron buenas razones por no seguir haciendo lo que tenían que hacer, pidieron a Dios valentía para hacer lo que había que hacer y decir lo que había que decir: Ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que Tus siervos hablen Tu palabra con toda confianza, (Hch 4:29). El Señor les contestó positivamente y salieron a seguir haciendo su labor cristiana a pesar de sus objeciones mentales.

La segunda cosa que me vino a la mente es que nunca podemos predecir con certeza todas las consecuencias de nuestras acciones y palabras ni, mucho menos, controlar las reacciones de otras personas. No es nuestra responsabilidad controlar todas estas cosas y no está dentro de nuestra capacidad. Somos responsables por hacer lo bueno. Más allá de esto, tenemos que dejar de angustiarnos por cosas que no podemos predecir ni controlar. Estas son las palabras de Jesús que todos conocemos: Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas. (Mat 6:34) No hay que afanarse por estas cosas. Lo que hay que hacer es, con toda diligencia, obedecer a Dios en Cristo y buscar vivir de acuerdo con Sus valores expresadas en Su Palabra, es decir “Pero busquen primero Su reino y Su justicia…” (Mat 6:33) El niño en la historia tomaba decisiones basadas en sus afanes y preocupaciones. Los hijos de Dios no deben tomar decisiones así.

Así que, hoy, hagamos el bien en palabra y en hecho de acuerdo con los principios bíblicos sin preocuparnos por cosas que no son nuestra responsabilidad y no están en nuestro control.

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