El testimonio del Verbo– 1 Juan 1:1-3

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Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. (1 Juan 1:1-3)

En el contexto de Juan, es probable que la presencia de una secta conocida hoy como el docetismo influyó en algunos de los puntos que el Apóstol destaca aquí. El docetismo sostuvo que solamente había parecido que el Hijo de Dios había muerto en la cruz. Según ellos eso es imposible. Dentro del docetismo varias teorías surgieron para explicar esta apariencia. Una decía que el cuerpo (la humanidad) de Cristo fue solamente una ilusión. Realmente Cristo es espíritu, según ellos, y toda su vida y muerte fue una mera ilusión. Otra teoría decía que el espíritu de Cristo poseía el cuerpo de Jesús, siendo realmente dos entidades distintas. Varias otras teorías surgieron después. Hay lugares en el Nuevo Testamento que parecen combatir estas ideas, y la introducción a la primera epístola de Juan es un buen ejemplo.

Juan destaca tanto la humanidad como la deidad de Jesús, el Cristo. Para destacar su deidad Juan reitera que “existía desde el principio” como había hecho en su Evangelio. Además, como en su Evangelio, dice que es el Verbo, un término asociado con la creación en el judaísmo y el principio activo de Dios en el mundo griego. Esto realmente no fue la parte controversial en su tiempo. Para defender la humanidad del mismo Cristo, Juan tenía que explicar más. Lo hace aquí basado en su experiencia personal. Él había estado con Jesús personalmente. Vio, escuchó, y tocó a este Ser. Juan es enfático que el mismo Verbo es Jesucristo, el hombre que Juan conoció en Galilea.

La otra parte importante de su defensa aquí es la fuente de su conocimiento. Tenía experiencia personal. Su testimonio es el testimonio de un testigo ocular. Es el testimonio de un amigo de Jesús. Y, Juan no queda solo en eso. Afirma que es uno de varios usando siempre el plural – hemos visto, hemos oído, hemos contemplado, nuestras manos, damos testimonio, proclamamos, nuestra comunión.

Contra las muchas teorías inventadas por herejes, Juan contesta con hechos atestiguados por varias personas. No es simplemente otra teoría. No es simplemente una visión personal donde nadie pueda verificar nada. No es un misterio que solo él había comprendido. Es una verdad, un hecho, una realidad. El Verbo divino tomó humanidad y vivió en nuestro mundo.

El mismo mensaje de Juan es relevante hoy. Debemos poder defender que Jesucristo realmente es Dios encarnado. Debemos poder explicar porqué es importante. Debemos poder identificar enseñanzas falsas que cambian la identidad de nuestro Señor. Creyendo y aceptando este mensaje que Juan proclamó en esta carta podemos tener comunión con Jesús y con el Padre. El rechazo de estas doctrinas centrales es un peligro espiritual que ha existido en casi toda la historia de la iglesia y existe hasta hoy.

SIGUIENTE: EL PECADO Y EL CRISTIANO– 1 JUAN 1:5-10

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