Efesios 4 (Parte 1)

Este capítulo de Efesios tiene mucha riqueza. Difícilmente puede uno resumir sus contenidos en este formato. Sin embargo, aquí podemos ver unos conceptos bien importantes de forma superficial, dejando para el lector profundizar el tema en otro momento.

Un andar digno

La vida del cristiano se debe caracterizar por ciertas cualidades. Pablo menciona humildad, mansedumbre, paciencia, amor, y unidad. En algunos aspectos es parecido a la lista del fruto del Espíritu de Gálatas 5. Los dos pasajes son analogías o metáforas que demuestran el cambio que el Espíritu Santo debe efectuar en la vida del cristiano (un proceso que llamamos santificación).  Desde su bautismo en agua, cada cristiano tiene la morada del Espíritu Santo para hacer este cambio en su vida, como se ve en la última parte del capítulo anterior. Como vemos aquí, recibimos una vocación (llamamiento o invitación) gratuita, tal como recibimos la salvación gratuitamente por la gracia del Señor (porque no somos dignos). Sin embargo, eso no nos da un permiso para no ser transformados por el Espíritu. Debemos conducirnos de una forma digna de la salvación que nos fue ofrecida y que hemos recibido. Vivir de una forma digna de esta vocación tan importante no implica que ahora somos dignos de la salvación, sino que vivimos de una forma que demuestre que hemos entendido la realidad del evangelio, hemos comprendido (en alguna medida) el amor de Dios para con nosotros, y hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador.

Unidad

La última cosa en la lista anterior es unidad, formando una transición a las cosas que unan a todos los cristianos. El formato es trinitario, tres grupos de tres. Un cuerpo – una iglesia universal, compuesta de congregaciones (iglesias locales). Un Espíritu – el mismo Espíritu Santo habita en todos los cristianos bautizados. Una esperanza – una salvación ahora que conduce a la vida eterna después. El Espíritu Santo es la garantía de la esperanza y una de sus obras es la unidad de la Iglesia. Un Señor – Jesucristo es la única cabeza de la Iglesia. Una fe – un solo evangelio que todos creemos y hemos recibido. Un bautismo – un momento que todos los cristianos comparten, su entrada a la salvación y la iglesia. Jesús es el autor y consumidor de nuestra fe y somos bautizado en su muerte y resurrección. Un Padre – sobre todo, por todos y en todos – Dios es el enfoque de todo, manda en la Iglesia en la autoridad de Cristo, mora en todos por el don del Espíritu Santo. Si queremos vivir en unidad, según el Espíritu Santo, estas son las cosas que todos deben aceptar y cultivar. Podemos tolerar diversidad de opinión en muchos asuntos. Pero, hay cosas centrales que tenemos que tener claro si queremos lograr una unidad verdadera y profunda. Una unidad que ignora diferencias sustanciales en asuntos fundamentales es superficial y transitoria.

Los dones de Cristo

Aunque se habla mucho de los dones espirituales en el contexto del Espíritu Santo, Pablo nos recuerda que Cristo es el autor de la salvación. Él se encarnó, murió, y fue sepultado. Después ascendió victorioso (la resurrección y la ascensión son como dos etapas de una exaltación). Y, como cualquier rey victorioso de la época, Cristo repartió ciertos regalos (dones) en la medida que él quiso. Los dones que Pablo destaca son la estructura de la Iglesia, lo cual se verá en la próxima sección.

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