Red barredera: una parábola de Jesús

Muchos niños y adolescentes tienen memorias de salir a pescar con sus papás. Es, en muchos casos, una memoria que uno atesora en toda su vida. Obviamente la pesca que vemos en los evangelios no es pesca artesanal como uno pueda imaginar. Ellos practicaban la pesca comercial para poder vender los pescados. Para efectuar la pesca ellos ocupaban redes arrastradas por el agua, llamadas redes barrederas en nuestras traducciones modernas. Una parábola de Jesús, que menciona este tipo de red, se encuentra en Matthew 13:47–50, y dice: El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase; y cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. (LBLA)

En esta sección de la Escritura hay varias parábolas que hablan de la naturaleza del reino de los cielos. Cuando escuchamos este término, podríamos pensar en la vida después de esta, cuando todos los salvos estarán con Cristo en el Cielo. Pero, en las parábolas de Jesús, el reino de los cielos o el reino de Dios no es solamente futuro, sino que es una realidad de nuestra época. El reino de los cielos o el reino de Dios habla del reino de Dios en las vidas de los que le han entregado sus vidas en obediencia. Es un reino de los que han aceptado su autoridad y se sometan a su Rey. Al reconocer su autoridad y obedecer sus instrucciones y mandamientos, somos parte de su reino. Si el reino de Dios es el reconocimiento de su autoridad, entonces su reino es la iglesia. Pero, en la iglesia visible hay iglesias fieles e iglesias infieles. Hay iglesias que realmente siguen a Cristo y otras que siguen a sus tradiciones y filosofías. También en cualquier iglesia, hay algunos miembros sinceros y otros que son falsos. Entonces Jesús explica que en su reino, hay peces buenos y hay peces malos.

En estas parábolas en Mateo 13 el lector ya ha visto que la semilla cae en varias tierras: el camino, pedregales, y entre espinos – suelos que no permiten que lleve fruto, y en tierra fértil que permite producción de una buena cosecha. Entonces, hay semilla dentro de la iglesia que brotan, pero mueren (gente que aceptan, son salvos y entran en la iglesia, pero no perseveran en el camino). Hay otras semillas en la iglesia que han brotado y producen una planta que nunca llega a la madurez como para llevar fruto (entre espinos o cardos). Entonces encontremos una mezcla de personas en la iglesia: gente sincera pero que no durará, gente que perdura, pero es infructífera, y gente que perdura y lleva fruto.

En la parábola del trigo y la cizaña hay una mezcla también de trigo y cizaña. Jesús explica que en este mundo es necesario que los buenos y los malos estén juntos. Dios no remueve los malos para juicio hasta el día de juicio. Esta realidad es triste y dolorosa, pero inevitable. Dios es paciente, buscando a salvar a todos los que estén dispuestos a recibir su Palabra y ser salvos.

En la parábola del grano de mostaza vemos la iglesia, una entidad buena y útil para el Señor, que llega a tener aves anidadas en sus ramas. Las aves del cielo, en la primera parábola de este capítulo son los mensajeros de Satanás comiendo la semilla para que no tenga efecto. Es, entonces, una iglesia buena y útil, pero con maldad adentro también. De forma semejante, la parábola de la levadura compara la iglesia con una masa, pero con un poco de levadura que llega a fermentar toda la masa. En la Biblia, la levadura es generalmente una representación de la maldad. Otra vez, una mezcla de bien y mal en la iglesia.

Aquí también, hay buenos y malos, como en la parábola del trigo y cizaña. Pero, ahora el evangelio (la red) recoge peces – pero no solamente los buenos, sino buenos y malos. Están juntos en la red hasta que llegue el momento de sacar la red a la orilla para separar los malos de los buenos.

La realidad es que en la iglesia hay buenos cristianos, hermanos y hermanas que viven sus vidas con sinceridad. Son imperfectos, pero realmente aman a su Señor, auténticamente se han arrepentido de su vida pecaminosa y deseen guardar los mandamientos de Jesús, han sido bautizados en agua para recibir perdón de pecados y el don del Espíritu Santo. Luchan contra el pecado. Peleen la buena batalla. También en la iglesia hay hermanos falsos. Y, cuando salen a la luz dañan a muchos.

Un obispo sale a las noticias porque, por su avaricia, sustrae plata y se enriquece por el Evangelio, participando en corrupción de varias clases, y cuando esto sale a luz muchos pierdan su fe. Un pastor conocido renuncia su fe porque en secreto está contratando prostitutas y cometiendo adulterio y no tiene ningún deseo de cambiar, y muchos salen desilusionados. Podemos imaginar muchos escenarios. De hecho, no tenemos que imaginarlos porque salen en noticias y los hemos visto en nuestras congregaciones.

Sin embargo, esto no debe sorprendernos. ¿Por qué no? Porque Jesús nos advirtió de eso. Las iglesias deben preservar la santidad y disciplina. Deben expulsara ciertas personas. Pero, nunca podrán hacer esto con perfección. El liderazgo de todas las iglesias es humano. Tienen limitaciones. No pueden leer mentes. No conocen el corazón del otro. Cuando ven el fruto malo deben actuarse, pero son imperfectos en eso también. A veces tienen paciencia cuando hay que ser fuerte, y otras veces son fuertes cuando hay que tener paciencia. La realidad es que siempre habrá chivos en la iglesia con las ovejas. Siempre habrá un poco de maleza entre el trigo, unas aves el árbol de mostaza, un poquito de levadura en la buena masa. Es decir, Jesús quiso prepararnos para la realidad. La desilusión entra cuando uno tiene una cierta expectativa positiva y no se cumple. Jesús fue honesto y nos advirtió de la realidad para que, en lugar de la desilusión, podemos estar preparados y activos.

La aplicación de la parábola no termina con eso. Lo otro que quiero destacar aquí es que, en un momento futuro, Dios decidirá que es el momento de sacar la red a la playa. Es decir, vendrá la segunda venida de Cristo y el día de juicio. El juicio consistirá en la separación de los salvos y los perdidos, rendimiento de cuentas por todo lo que todos han hecho – bueno o malo, y el veredicto del Juez.

Aquí hay un tema que no me gusta conversar. No porque no tiene importancia. Al contrario. Porque la realidad del futuro que espera los peces malos es triste. La triste realidad es que muchos persisten en su vida pecaminosa. Muchos rechazan la oferta de perdón en Cristo. Es una enseñanza importante porque la realidad del juicio y el veredicto que se dará de conocer en este momento tiene relevancia eterna.

Hay ciertas cosas que deben saber acerca del juicio:

  1. Será una vindicación de nuestro Dios. Él ha sido blasfemado y criticado. En el juicio se conocerá su justicia y bondad. Veremos su santidad y su amor. Veremos su severidad y su misericordia. Todas sus decisiones serán vindicadas y su rectitud será completamente revelada. No quedará ni una sombra de duda.
  2. Habrá justicia y recompensa para sus seguidores. Algunos han muerto por seguirle, otros han sufrido otras clases de perdidas y sufrimiento. Nos parece a veces injusto que los relativamente buenos y los inocentes sufran. Nos parece a veces injusto que los cristianos más sinceros vivan bajo persecución. Pero, habrá justicia en todos estos casos.
  3. El día de juicio no debe ser motivo de temor en los cristianos. A veces nos sentimos un poco nerviosos al pensar en el día de juicio. Cuando Dios lee mi cuenta y la lista de cosas malas que he hecho o pensado se revela ¿qué me pasará? ¿Seré salvo? ¿Seré calificado como una oveja, trigo o pez bueno? He hecho mucha maldad, ¿puedo ser contando entre los buenos? Sí. La respuesta es que no tenemos que tener miedo si estamos en Cristo. Seremos contados entre los buenos, no por nuestra bondad, sino que por la justicia que Cristo hizo en la cruz. En la cruz, Él se cargó con nuestra culpa. Cuando le recibimos con fe, arrepentimiento y bautismo Dios quita la cuenta de deuda que nos era adverso, la rompe en dos y la clava en la cruz. Todo lo malo que hemos hecho será revelado, pero la condena ya se ha cumplido. Seremos contados como si fuéramos totalmente justos, porque Dios verá la justicia de Cristo. Como dice en Apocalipsis, los que están inscritos en el libro de la vida entrarán en el Cielo. Si estás en Cristo y andas conforme al Espíritu (con fe y arrepentimiento), ¡no hay condenación para ti!

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