Hebreos 7 – el sumo sacerdote

Mientras algunas iglesias han mantenido un sacerdocio oficial, la reforma protestante introdujo un cambio que, para ellos y nosotros hoy en día, buscó restaurar una enseñanza del Nuevo Testamento. Esta doctrina es comúnmente llamada “el sacerdocio de todos los creyentes” o “sacerdocio universal”. La idea de esta siendo que todos los creyentes tienen el mismo acceso a Dios. Ningún cristiano necesita que otro cristiano sirva como intercesor para con Dios. En esto, intentaron borrar la distinción entre clerecía y laicado. Ahora, en grupos que profesan no tener esta distinción, igual a veces se vive así. Un pastor, o un obispo, u otro pretende dominar al rebaño por presentarse como su medio de comunicación con Dios. Sin embargo, la comunicación con Dios no es a través de otros seres humanos. La comunicación consiste en enviar y recibir mensajes. Los cristianos envían mensajes a Dios a través de la oración y reciben la comunicación de Dios a través de la Palabra escrita, es decir, la Biblia. No hay necesidad de ningún otro. Ahora, entendemos que, dentro de esto, Dios ha dado alguna medida de autoridad a los ancianos de la iglesia para poder dirigirla y protegerla de peligro. Pero eso no es para ser dictadores ni para sentirse más importante que los demás. Es solamente para facilitar el cumplimiento de su función particular. 
Por eso, mientras el autor de Hebreos habla mucho acerca de sacerdocios y cambios de estos, no menciona nada acerca de sacerdotes en el pacto presente. En lugar de eso, la superioridad y suficiencia de Jesús como sacerdote es manifiesto y subrayado.

“Los sacerdotes anteriores eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar, pero Jesús conserva Su sacerdocio inmutable (intransferible) puesto que permanece para siempre. Por lo cual El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, y exaltado más allá de los cielos.” (Heb 7:23-26)

Podemos ver que el hablar de la iglesia como un sacerdocio tiene sentido. La iglesia tiene la responsabilidad de comunicar la Palabra de Dios al mundo. Toda la iglesia, y todos los miembros, gozan de los mismos privilegios en cuanto al acceso a Dios. Por eso la Biblia habla de los cristianos como real y santo sacerdocio (1 Pedro 2:5,9; Apocalipsis 20:6). Pero, estando en esta iglesia, nos damos cuenta que somos todos iguales ante Dios (no hay favoritismo, nepotismo, ni parcialidad). Hay un solo Sumo Sacerdote e Intercesor al cual miramos cuando buscamos acceso a Dios. Es a través del Sumo Sacerdote perfecto y su sacrificio perfecto que tenemos el privilegio de poder acercarnos a Dios.

En la iglesia de Cristo debemos reconocer estas grandes verdades. Todos tenemos la responsabilidad de ser como sacerdocio para el mundo y todos somos iguales ante Dios, con Jesús como nuestro Sumo Sacerdote. Todos debemos hacer discípulos, y todos debemos mantener nuestro discipulado con Cristo. Todos los cristianos tienen su salvación únicamente en Jesús y deben anunciar estas buenas nuevas a los demás. Siempre debemos elevar a Cristo en todo.

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