Hebreos 10 – expiación

El Verbo se encarnó, leemos en Juan 1. Esta declaración ha provocado debate en el mundo cristiano en varios momentos. La pregunta que surge es ¿por qué? ¿Por qué Dios se hizo hombre? En Hebreos 10 tenemos una respuesta clara. Realmente la pregunta debe tener una respuesta obvia si uno está dispuesto a leer y aceptar lo que la Biblia tan ampliamente enseña. Aquí tenemos Cristo diciendo “un cuerpo has preparado para mí”. (Heb 10:5) Y, ¿Por qué? Dice en el versículo 6… “en holocaustos y sacrificios por el pecado no te has complacido.” Es decir, el sistema de sacrificios del antiguo pacto no es suficiente para agradar a Dios y pagar el pecado humano. Entonces, Jesús, voluntariamente, se ofrece. Decide habitar el cuerpo preparado para él para cumplir con la voluntad de Dios. Jesús vino a hacer lo que los sacrificios no podrían hacer.  Cristo hizo un sacrificio para quitar el pecado. “Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida una vez para siempre”. (Heb 10:10) “Pero Cristo, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios”. (Heb 10:12)

En el cristianismo moderno hay varias “teorías” sobre la cruz de Cristo (aunque algunas de estas ideas existen desde hace siglos). Una teoría dice que Cristo murió solamente para demostrar que el pecado hace daño. Otra teoría declara que Jesús murió exclusivamente para demostrar cuanto Dios nos ama. Otros dicen que Jesús murió simplemente para engañar y conquistar al diablo. Ninguna de estas “teorías de la expiación” es suficiente. Según Hebreos 10 y otros pasaje semejantes, la idea queda clara. Jesús murió para quitar nuestros pecados y para poder santificarnos. Su muerte debe ser visto como un sacrificio – su muerte en la cruz toma el lugar de nuestra muerte eterna. Ganó el derecho de otorgar a cualquier persona el perdón de pecado. Pagó la deuda nuestra hacia nuestro Dios justo y tiene el comprobante que quiere regalarnos. La condición que pide para recibir este comprobante es que seamos sus discípulos. Nos hacemos discípulos por creer en él, arrepentirnos y ser bautizados en él.

Hablando de este perdón que Cristo ofrece por su sacrificio en la cruz, Dios dice en este pasaje que nunca más se acordará de nuestros pecados (Heb 10:17). Esto no es un caso de amnesia divina. No es que Dios literalmente se olvida de cosas. La Biblia, en muchos casos, usa esta terminología para hablar de la actividad de Dios. Cuando Dios se acordó de Noé, “Entonces Dios se acordó de Noé” (Gén 8:1) no es que le había olvidado. Es que estaba a punto de actuar. Dice que Dios también se acordó de Abraham, Raquel, José y muchos otros. En cada caso estaba a punto de actuar. Al decir que nunca más se acordará de nuestros pecados, es decir que por el sacrificio de Cristo Dios nunca usará nuestros pecados perdonados en nuestra contra. Cuando estamos ante su trono de juicio, él nos dirá que el precio de nuestros pecados ya fue pagado. Solo hay que mantenernos en Cristo.

MAS MI JUSTO VIVIRÁ POR LA FE; Y SI RETROCEDE, MI ALMA NO SE COMPLACERÁ EN ÉL. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma. (Heb 10:38-39)

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