Imitación

Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios. El que hace lo malo no ha visto a Dios. Demetrio tiene buen testimonio de parte de todos y de parte de la verdad misma. También nosotros damos testimonio y tú sabes que nuestro testimonio es verdadero. Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con pluma y tinta, pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda a los amigos, a cada uno por nombre.  (3 Juan 1:11-14)

“No imites lo malo sino lo bueno” parece ser un concepto tan simple. ¿Por qué nos cuesta tanto?

Juan escribió esta carta a a Gayo, un hermano fiel en lo que estaba haciendo por los hermanos, sobre todo mostrando hospitalidad a evangelistas y misioneros. Tenía un enfoque bueno en el reino de Dios, en la importancia del evangelismo y así tomó la iniciativa de facilitar esta obra. Recibe así el elogio de Juan. Noticias de sus buenas obras habían llegado a Juan. Juan menciona dos otras personas cuando escribe a Gayo. El primero es Diótrefes: arrogante, egoísta, mentiroso, autoritario. Noticias de sus malas obras habían llegado a Juan. Un contraste total parece ser el otro hermano mencionado en la carta. Demetrio tiene buen testimonio con todos que le conocían, el testimonio de la verdad misma, y del apóstol Juan. Gayo tenía la opción de imitar a uno de estos dos hombres. Nosotros, hoy en día, tenemos la posibilidad de imitar a varias personas.

Nos cuesta hacer lo que parece ser bastante simple: no imites lo malo sino lo bueno.

Podemos inventar tantas excusas para no imitar lo bueno, o simplemente postergarlo eternamente. Pero frecuentemente, no se nos olvida. Por el otro lado, es bastante fácil decir de lo malo… “si él lo hizo o ella lo hizo y todo salió bien, ¿por qué no debo hacerlo yo?” Fácilmente hacemos lo contrario de lo que dice Juan. La influencia del pecado en nosotros, hace que busquemos justificar pensamientos, actitudes, y acciones malas y posponer lo bueno. No debemos tener vergüenza de decir, “Sí, estoy copiando lo bueno que vi en mi hermana.” “Sí, estoy siguiendo algo bueno que vi en un pastor.” No importa si son nuevos en la fe o llevan años. No importa su edad, función en la iglesia, clase social, género, etc. Imitamos lo bueno. No importa su edad, función en la iglesia, clase social, género, etc. Rechazamos imitar lo malo.

Tal vez todavía uno no puede decir con Pablo: Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo. (1 Corintios 11:1). Pero la meta es esta. Esperamos que el anhelo de todos sea poder decir eso. Hacia eso debemos trabajar en la vida personal. Verdaderamente Pablo buscó imitar a Cristo en todo. No es decir que nunca falló. No es decir que no tenía pecado. Es decir que su fe, amor, doctrina, y santidad habían cambiado tanto por imitar a Cristo que podría ser ejemplo a los demás también. Siguiendo ejemplos buenos, podemos ser ejemplos buenos. No lo hacemos solamente por nuestro bien, sino también por el bien de otros. Como Cristo cargó Su cruz por otros, también nosotros nos enfocamos en mejorarnos para ayudar a otros.

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