1 Pedro: Ansiedad

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Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de ustedes. (1 Pedro 5:6-7)

Mientras, como hemos visto en esta carta, no hay ninguna promesa que el cristiano vivirá una vida fácil, próspera, y placentera, tenemos una promesa aquí que nos debe aliviar. Podemos confiar en él y deshacernos de nuestra ansiedad. El hecho es que Dios ya conoce nuestros problemas y temores. Él ya sabe cuáles cosas nos tienen preocupados. Sabe cuándo tenemos cosas que no nos permiten descansar bien.

La relación entre las dos partes de este texto ha sido bien notada en varios contextos por predicadores y autores cristianos. En algún sentido la humillación es necesario para poder deshacerse de la ansiedad. Como es obvio en el texto, la humillación es con referencia a la mano de Dios. Es decir, debemos dejar de confiar en nosotros mismos, en nuestras capacidades, en la suerte, y cualquier otra cosa que no sea Dios. Cuando nos sometemos a él, y nos entregamos a él, podemos descansar bajo su poder y cuidado. Nos ama y quiere cuidarnos. En él hay alivio.

La Escritura destaca muchas veces la necesidad de una buena relación con Dios para realmente disfrutar este descanso.

Dice Pedro en otro lugar “Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor,” (Hechos 3:19) Y Jesús dijo “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y HALLARAN DESCANSO PARA SUS ALMAS. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera.” (Mateo 11:28-30).

Jesús invita a sus seguidores, dejar de andar cargando toda su ansiedad y estrés. Nuestro mundo nos llena de estas cosas. La vida en Cristo no es fácil, pero es bueno. No nos exenta de problemas, pero está llena de bendición. No nos hace evitar tribulaciones, pero nos da paz. La angustia no es necesario cuando confiamos en él. No porque él nos rescatará de todo peligro (Pedro mismo murió por Cristo), sino porque él tiene planes de largo plazo. Su cuidado no es simplemente para preservar nuestra vida. Él nos hará vivir en gloria eterna. En Cristo hay esperanza.

Y la esperanza futura que tenemos también es una buena solución para la ansiedad. Tenemos una esperanza firme y segura en Cristo. Nuestro futuro es lo que Pedro también indica en este último capítulo de su carta. La aflicción es pasajera, mientras el premio es permanente.

Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá. A él sea el dominio por los siglos de los siglos. Amén. (1 Pedro 5:10-11)

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