¿Quieres ser salvo? Hay que arrepentirte

El arrepentimiento como condición para la salvación

La necesidad del arrepentimiento queda bastante clara en el Nuevo Testamento. El arrepentimiento es citado como condición para obtener la salvación. También, el Nuevo Testamento usa la palabra arrepentimiento como sinónimo para la salvación. Por ejemplo, cuando Pedro dice que Dios no quiere que nadie parezca, sino que quiere que todos vengan al arrepentimiento, en lugar de contrastar perdición y salvación el contraste es entre arrepentimiento y la perdición. ¿Por qué? Porque el arrepentimiento es una condición tan esencial e integral para tener la salvación que al decir arrepentimiento se entiende salvación (2 Pedro 3:9). También el arrepentimiento es mencionado en los primeros dos sermones como parte de la respuesta para recibir la salvación (Hechos 2:38; 3:19), entre muchos lugares más que destacan su importancia.

Hay que tener precaución en definir la palabra arrepentimiento. Como la Biblia es clara que somos salvos por gracia sin obras de ley (Efesios 2:8-9, por ejemplo), tenemos que clarificar que el arrepentimiento no es una obra en este sentido. Es una decisión y una reorientación de nuestras vidas. Literalmente la palabra habla de un cambio en la mente o el entendimiento. Si uno realmente ha comprendido las verdades de la fe cristiana y las acepta, es inevitable que se producirá un cambio en cosmovisión. El sentido de la vida, la realidad de una moralidad absoluta, y la autoridad de Dios tienen que causar cambios importantes en la vida del creyente. El creyente que tiene “fe” y opta por no cambiar ni su forma de pensar ni su andar demuestra una deficiencia importante. El arrepentimiento es un “giro en u” o un retorno en la autopista de la vida; en el cual buscamos el camino de Dios en lugar de nuestros propios caminos. No quiere decir que la vida después será de perfecta santidad, sino el rumbo que el rumbo en general está orientada por Dios.

Cuando recibimos a Jesucristo, no recibimos solamente un Salvador, sino también un Señor. Él tiene autoridad sobre nosotros y nos ha dado un código legal que debemos seguir como seres humanos. Al recibir su salvación también tomamos la decisión de someternos a su autoridad. La Palabra de Dios, la Biblia, lleva su autoridad. No es posible separar la autoridad de uno de su palabra. Cuando un general da una orden a sus soldados no pueden responder que mientras respetan su autoridad prefieren no hacer lo que dice. Jesús nos ha expresado su voluntad no solamente en los cuatro evangelios sino también a través de la inspiración de los Apóstoles y otros que escribieron el Nuevo Testamento. Así que parte de la reorientación que ocurre en la salvación, lógicamente, tiene que ser la aceptación de la autoridad de la Palabra y una decisión de someterse a la enseñanza bíblica.

A veces se mal entiende que la palabra arrepentimiento es sinónimo de remordimiento, y así se usa la palabra popularmente. En la Biblia no es solamente tristeza. Como ya hemos visto, implica mucho más. Mientras que el pecado en la vida del cristiano debe provocar tristeza, debe también provocar el deseo sincero de cambiar. Si la reacción de un cristiano cuando peque es negar que es pecado, justificarse, o sentirse triste y seguir igual indica una falta de arrepentimiento autentico. Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte. (2 Corintios 7:10)

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