¿Dónde hacer reuniones de la iglesia?

“Vamos a la iglesia.” “Ellos tienen un templo muy lindo.” Capillas, catedrales, tabernáculos… Hay muchas opciones. ¿Cómo decidir?

En la historia de la iglesia de Cristo, las reuniones dominicales se han realizado en varios lugares y en muchos estilos. Desde catacumbas para escaparse de la persecución religiosa a los catedrales majestosos de Europa. En casas humildes, gimnasios, teatros, espacios públicos, y capillas los cristianos se han reunido para sus cultos. En la gran mayoría de los casos, las iglesias se han adaptado para glorificar a Dios en alguna forma. Algunos han deseado glorificar a su Dios por construir lugares de adoración que reflejan en alguna medida la majestad, belleza, y poder de Dios. En otros casos la iglesia ha decidido que por la frugalidad pueden más glorificar a Dios, mostrándose como buen mayordomo de sus recursos. En algunos casos necesidad ha dictado la forma. En medio de persecución abierta la construcción de centros de adoración simplemente no puede ocurrir, y la necesidad ha determinado cuales espacios son más aptos para los cultos sin correr riesgo excesivo de descubrimiento. En los primeros días de la Iglesia de Cristo, como encontramos en Hechos 2, vemos dos lugares principales para las reuniones de la Iglesia: el templo judío y las casas de los hermanos.

Durante muchos siglos, no existía el templo judío. Encontramos, más bien, a las personas construyéndose altares en varios lugares para rendir culto a Dios. Set, Noé, Job, Abraham, Isaac, y Jacob, entre otros, construyeron altares para sus familias para la adoración del único Dios verdadero. En el tiempo de la peregrinación de Israel en Egipto y bajo la esclavitud tampoco tenían un lugar central para su adoración. Es recién con el éxodo que Dios provee para Israel un lugar central para su adoración. Este primer lugar así para la presencia de Dios en una forma especial y gloriosa es el tabernáculo. El tabernáculo consistía de tiendas. Había un atrio grande con varios espacios para guardar instrumentos necesarios para la ministración del tabernáculo y los sacrificios. Entrando en el atrio desde el oriente había un altar para sacrificios. Allí sacrificaban animales a Dios y los quemaban. Pasando el altar estaba la fuente de bronce en el cual se hacía lavamientos rituales. Pasando la fuente estaba otra tienda. La primera sala era el Lugar Santo, y en ella un candelabro a mano izquierdo, la mesa de los panes, y el altar de incienso. Aquí los sacerdotes ministraban frecuentemente. Un velo separaba el Lugar Santo de la próxima y última sala, el Lugar Santísimo. En el Lugar Santísimo estaba el Arca del Testimonio y el propiciatorio. En esta sala solamente el sumo sacerdote entraba y solamente una vez por año. Este tabernáculo fue llevado con el pueblo de Israel y puesto en los lugares donde la nación se quedaba en su tiempo en el desierto y la conquista del territorio de Canaán, y durante muchos años después. El Rey David quiso construir para Dios un templo, viendo que él mismo tenía palacio de lujo pero Dios solamente una tienda. Dios no le permitió este honor por la mucha sangre que había derramado. David juntó muchas de los materiales necesarios y su hijo, Salomón, construyó el templo. El templo tenía básicamente el mismo formato. Este templo fue destruido y reconstruido. Después fue expandido por Herodes el Grande y terminado cerca la fecha del nacimiento de Jesús. Este segundo templo fue destruido según la profecía de Jesús en el año 70 d.C.

El libro de Hebreos nos informa que nada en el tabernáculo fue por casualidad, sino que Dios dio a Moisés dimensiones precisas para todo por un motivo espiritual. Podríamos entrar en mucho detalle acerca de tales cosas, pero no es el propósito ahora. Un punto de eso debe llamar nuestra atención: la presencia de Dios se manifestaba en el Lugar Santísimo, lejos del pueblo y sus sacerdotes. Como dice el autor de Hebreos, “Queriendo el Espíritu Santo dar a entender esto: que el camino al Lugar Santísimo aún no había sido revelado en tanto que el primer tabernáculo permaneciera en pie” (Hebreos 9:8). Y el mismo Espíritu dio a conocer en el único sacrificio eficaz que ahí se abrió este camino. Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron;” (Mateo 27:50-51). Y nos explica diciendo “entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne,” (Hebreos 10:19-20). El camino que estaba cerrado incluso cuando había un templo nos fue abierto por medio de Jesús, sin respecto del lugar, pues es un camino espiritual que él nos abrió a un Lugar Santísimo celestial.

No debemos pensar por un instante que Dios tuvo necesidad de una casa física construida por hombres como morada. Aunque Moisés, y después Salomón, habían seguido precisamente las instrucciones divinas para la construcción del tabernáculo y el templo, hay un reconocimiento de la absurdidad de pensar que Dios necesita una casa construida por hombres, “pero, ¿morará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, cuánto menos esta casa que yo he edificado” (1 Reyes 8:27). A pesar de esta verdad, Dios hizo morar su presencia sobre el Lugar Santísimo en una forma muy especial. Esto no fue por su necesidad, pues él mismo dice a través de Isaías, “así dice el SEÑOR: El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde, pues, está la casa que podríais edificarme? ¿Dónde está el lugar de mi reposo? Todo esto lo hizo mi mano, y así todas estas cosas llegaron a ser–declara el SEÑOR. Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra” (Isaías 66:1-2). El mismo concepto es repetido por Esteban en su sermón en Hechos 7 y por Pablo en Hechos 17. En el fondo, un dios que puede habitar en una casa construida por manos humanas no es el Dios verdadero de la Biblia. Entonces comprendemos que el tabernáculo y el templo existían según el plan de Dios para una necesidad entre su pueblo, no una necesidad suya. Y a este entendimiento sumamos una profecía que indica el cambio por venir: “Porque desde la salida del sol hasta su puesta, mi nombre será grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerá incienso a mi nombre, y ofrenda pura de cereal; porque grande será mi nombre entre las naciones,” dice el SEÑOR de los ejércitos” (Malaquías 1:11). Esta profecía menciona las ofrendas de incienso y cereales que ocurrían en el templo. La Escritura presenta para la Iglesia de Cristo, que nuestras ofrendas monetarias, adoración, obediencia, etc. son nuestras ofrendas para Dios y son un olor fragante para Dios (véase Hechos 10:4; Romanos 12:1-2; Filipenses 4:18; Hebreos 13:15-16; 1 Pedro 2:5; y Apocalipsis 8:3). Entendemos, entonces, que esta profecía dice que lo que era exclusivo del templo en el futuro (para nosotros, en nuestro presente) sería en “todo lugar.” Es una profecía de adoración espiritual no restringida por el lugar.

Si en esta profecía se ve una pista de adoración no restringida por lugar, nuestro Señor lo presenta en una forma mucha más clara en su conversación con la samaritana. Jesús le dijo: “Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. “Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los Judíos. “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. “Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad” (Juan 4:21-24). En medio de su conversación con ella, tal vez para desviar el tema que se estaba volviendo bastante personal, la mujer postula un punto de controversia entre los samaritanos y los judíos. Jesús no entra directamente en la controversia acerca de cuál lugar es necesario para adoración del Padre. En vez de entrar en el debate nota dos cosas. 1. Explica que salvación sí viene de los judíos, probablemente porque los judíos tenían la Escritura (Romanos 3:2) y porque de ellos viene el Mesías. Él indica claramente a esta samaritana que él es el Cristo esperado. 2. Sin embargo, con respecto al lugar en que su pregunta enfoca, Jesús da una enseñanza del futuro. Dice que “viene la hora” en que esta controversia sería irrelevante. En el pacto que venía, la adoración no se trata de los ritos judíos ni del templo en Jerusalén sino de una adoración en espíritu y verdad. El lugar no va a ser importante. Cómo uno adora a Dios el lo que será importante. La frase “en espíritu” aquí probablemente no habla del Espíritu Santo sino de una adoración espiritual, en contraste con los muchos ritos que tenían en el Antiguo Testamento, mientras “en verdad” aquí nos indica que adoración que agrada a Dios está basada en la verdad. Por lo tanto, la sana doctrina que viene por un buen entendimiento de la Biblia, y especialmente el Nuevo Testamento, es clave para la adoración autentica. No debemos pensar que este cambio era solamente algo práctico debido a la destrucción del templo por los romanos. Más bien debemos entender que es el cambio de pacto, con la inauguración del nuevo pacto en la sangre de Jesús que ha reemplazado permanentemente el sistema de salvación y adoración que se conocía anteriormente. La Ley ya no está solamente externa (Hebreos 8:10) y el tabernáculo es uno celestial, espiritual y eterno (Hebreos 8:1-2) y tenemos acceso al Lugar Santísimo (Hebreos 10:19).

Ahora, viendo este nuevo pacto con su nueva Escritura, el Nuevo Testamento, encontramos instrucciones acerca de dónde uno debe adorar a Dios conspicuamente ausentes. Mientras hay enseñanzas acerca de ofrendas, oraciones, canciones, bautismo, arrepentimiento, fe, liderazgo, y una miríada de cosas más, no hay ni una palabra de instrucción acerca del lugar de adoración y cultos de la iglesia. Hay descripciones, pero ni una enseñanza. En las listas de enseñanza básica como en Hebreos 6:1-2 y Efesios 4:4-6 no menciona nada acerca de eso.

La Iglesia de Cristo nació en Pentecostés en Hechos 2 después de la asunción de Jesús. El Espíritu Santo vino sobre los Apóstoles y predicaron por primera vez las buenas nuevas de salvación en Jesús. Cuando la multitud escuchó la predicación de Pedro, compungidos de corazón, preguntaron qué hacer acerca de su situación pecaminosa. Pedro instruye que cada uno de arrepentirse y ser bautizado en el nombre de Jesús, y así recibir perdón de pecados y el don del Espíritu Santo. Allí las tres mil personas que aceptaron y fueron bautizados formaron la primera iglesia de Cristo. Dice allí: “día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón…” (Hechos 2:46). Lucas repite la misma idea en Hechos 5:42, que evangelizaban y enseñaban en el templo y en las casas particulares de los hermanos.  Parece que este fue el patrón en la Iglesia hasta la dispersión de los cristianos debido a persecución por Saulo y otros en Hechos 8. Podemos decir con certeza solamente que en las casas compartían comidas. Podemos decir que evangelizaban y enseñaban, pero no en cual lugar eso ocurría principalmente. Sería difícil sacar conclusiones fuertes acerca de la relación de los cristianos con el templo judío, si el templo o las casas fueron el lugar de su reunión dominical, o más específicamente lo que hacían en las casas.

Tras la persecución en Jerusalén razonamos que ya les fue imposible realizar reuniones importantes en el templo. Muchos de los cristianos ya vivían muy lejos del templo y formaban iglesias en las varias ciudades en las cuales se encontraban. Tampoco tenemos mucha información acerca de dónde realizaban los cultos en el libro de Hechos. En algunos lugares encontramos instancias de oración y alabanzas en casas, en cárceles, y otros lugares pero no queda claro si son reuniones dominicales. Encontramos a Pablo y otros entrando en las sinagogas para predicar y discutir con los judíos, pero eso parece ser más evangelismo que reunión de la iglesia de Cristo. En Hechos 19, Pablo y los discípulos de Éfeso continuaban juntándose en la sinagoga, pero no sabemos si era para su culto o solamente para evangelismo. En un momento cambiaron a la escuela de Tirano. “Tirano” puede ser un sustantivo para un gobernante o un nombre propio. La palabra traducida como “escuela” puede ser una academia o un salón para reuniones públicas. Puede ser que arrendaban en espacio o que Tirano era un hermano o simpatizante del evangelio que les disponía el lugar. Hay tanto que “puede ser” que otra vez no podemos sacar conclusiones concretas. En Hechos 20 tenemos lo que es claramente un culto dominical con predicación para los hermanos y la Cena del Señor. Allí nos dice que estaban en un aposento alto. Un aposento alto era común en casas y a veces prestado como espacio público. Así usaron un aposento alto para Dorcas tras su muerte y Jesús ocupó uno antes de su muerte. Aunque aquí podemos decir que probablemente sea la casa de un hermano, pero igual no podemos sacar conclusiones acerca de que tan normal eso hubiera sido para ellos ni para la hermandad en otras partes. Lo único que podemos decir con certeza es que las iglesias no estaban construyendo lugares propios para sus cultos en esta época. Estaban usando o casas particulares de los hermanos o espacios púbicos para sus reuniones.

Si bien en el libro de Hechos no podemos decir con claridad dónde se reunían las iglesias los días domingos, en las cartas de Pablo nos sale algo más de información explícita. Pablo nos indica que algunas iglesias se reunían en casas particulares. Hablando de Priscila y Aquila dice: “saluden también a la iglesia que está en su casa. Saluden a mi querido hermano Epeneto, que es el primer convertido a Cristo en Asia” (Romanos 16:5) y “las iglesias de Asia los saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, los saludan muy afectuosamente en el Señor” (1 Corintios 16:19). Aquí tenemos simples declaraciones que la iglesia estaba en su casa. No dice que su casa es una iglesia. No dice que su casa servía como templo. Dice que en su casa tenían una iglesia. Son los hermanos en Cristo que forman la iglesia de Cristo. Siempre en el Nuevo Testamento la palabra “iglesia” habla de las personas. En algunos casos habla de la iglesia universal, toda hermandad de Cristo sin respecto a lugar. En otros casos habla de congregaciones locales. Es en este segundo sentido que encontramos la palabra en este contexto de la iglesia en la casa de Priscila y Aquila. Una congregación local habitualmente se reunía en su casa para su culto. En Filemón 2 y Colosenses 4:15 también hay declaraciones que la iglesia local estaba en la casa de un hermano. Con esto tenemos toda la información que el Nuevo Testamento presenta acerca de dónde se reunía la iglesia en los tiempos apostólicos.

Ahora la palabra “iglesia” no debe escapar nuestra atención si deseamos explorar este tema plenamente. La palabra griega para iglesia consiste de la palabra para “un llamado” con el prefijo para “afuera.” Probablemente, originalmente se usaba esta palabra por estar llamado de su casa privada a una asamblea pública. Por eso es traducida como “asamblea” o “congregación” o transliterado como “iglesia” (la palabra original es ekklesia). La palabra puede ser usada tanto para el grupo de miembros como para la reunión de estas. Más importante que la raíz griega de la palabra es la historia de su uso. En la traducción griega del Antiguo Testamento emplea la palabra iglesia hablando del pueblo de Israel para cuando están juntos como congregación religiosa o como el pueblo de Dios, apartado por él y para él. En este sentido, el pueblo de Dios en sí o en sus reuniones, los autores del Nuevo Testamento ocupan esta palabra. A veces agregan que es la iglesia de Dios, del Señor, o de Cristo. En un caso agrega que es la iglesia o asamblea de los santos. Da de conocer que lo que importa no es el hecho de estar juntos solamente sino de quiénes están juntos y por qué. Es una iglesia local en un sentido teológico cuando es un grupo de cristianos reunidos en el nombre del Señor. En ningún caso tiene la palabra iglesia en la Biblia relación alguna con un lugar ni con una organización en entorno a una persona (como un pastor, obispo, etc.).[i]

Ahora bien, podemos aceptar sin mucha dificultad que la palabra iglesia habla del pueblo de Dios en Cristo y no de un lugar, ¿Qué tal de la palabra y concepto de templo? La palabra “templo” más obviamente habla de un lugar. El concepto de templo no es único a la religión judía ni original con ellos. Un templo es un edificio sagrado, dedicado al culto de alguna religión o deidad. Cuando Dios dio a Moisés instrucciones para el tabernáculo, muchas culturas ya tenían templos para sus dioses. En estos tiempos, dada la cantidad de deidades y religiones presentes en cada nación y ciudad, normalmente existía la idea de dioses regionales, con poder en su sector. El Dios de la Biblia se presenta como Dios de toda la creación que no conoce fronteras políticas ni religiosas. Sin embargo, designó el tabernáculo como lugar para la manifestación de su gloriosa presencia en una forma especial en medio de su pueblo elegido. Como ya hemos visto, no es que el Dios omnipotente tenga necesidad de una casa física, ni que el Dios omnipresente pueda limitarse a un solo espacio sino que quiso manifestarse en forma especial para su pueblo y hacer su presencia conocida entre ellos. Y este mismo concepto se aplica al templo judío (la primera y la segunda).

Pero, en la Iglesia de Cristo en el Nuevo Testamento, no existe tal concepto. Más bien, Dios describe al conjunto de cristianos como su templo o casa, el lugar de su morada especial. ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son. (1 Cor 3:16-17) Y, ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: “HABITARÉ EN ELLOS, Y ANDARÉ ENTRE ELLOS; Y SERÉ SU DIOS, Y ELLOS SERÁN MI PUEBLO. (2 Cor 6:16) El autor de Hebreos expresa el mismo concepto diciendo pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza. (Heb 3:6) y el Apóstol Pedro al decir Y viniendo a él como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (1 Ped 2:4-5)

El Nuevo Testamento, entonces, fuertemente favorece el concepto de un templo espiritual, el conjunto de cristianos, como la morada de Dios. No hay ningún mandato ni instrucción ni ejemplo de la dedicación de un lugar físico como un templo general para el cristianismo ni como un lugar físico dedicado a la congregación local.

Todo lo visto no es la totalidad de la enseñanza que uno podría ver, sin embargo es suficiente para los fines de este escrito, sin alargarse mucho.

En este punto, algunas conclusiones se presentan: 1) Es el conjunto de cristianos que es el templo espiritual de Dios y la Iglesia de Cristo, ningún lugar merece estos títulos; 2) El Nuevo Testamento no expresa reglas o normas para el lugar de los cultos del día domingo; 3) Los mejores ejemplos que tenemos son iglesias que se reúnen en casas; 4) Debemos preocuparnos mucho más en nuestros deberes y responsabilidades como iglesia que en un lugar físico; 5) sin instrucciones especificas para el lugar de reuniones podemos y debemos permitir libertad de consciencia siempre y cuando no viole los principios expresados en el Nuevo Testamento; 6) debemos ejercer precaución en nuestra terminología ya que tiene influencia en el pensar de la gente – un lugar conocido como templo puede tomar la importancia y recibir la atención que el conjunto de cristianos debe tener y recibir; 7) una iglesia en casa, lejos de ser indeseable o una etapa transitoria en camino a algo mejor, es lo más cercano a un modelo bíblico que tenemos.   



[i] Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento; Kittel, Gerhard et.al.

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