1 Pedro: Peregrinos con una herencia

freely-kyle-loftus-71324Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes. Mediante la fe ustedes son protegidos (guardados) por el poder de Dios, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas (tentaciones), para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; a quien sin haber visto, ustedes Lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en El, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas. (1 Pedro 1:3-9)

Pedro dirige su primera carta a los “expatriados” o “extranjeros” viviendo en varias partes de lo que conocemos como Asia Menor. Todos los cristianos son emigrantes en esta visión. Ciertamente para Pedro esta realidad quedó evidente. Los cristianos fueron perseguidos por judíos, griegos, y romanos. Pedro menciona esta realidad en 1 Pedro 4:12-13 donde menciona un “fuego de prueba” que no es algo “extraño” sino parte de ser un seguidor de Cristo.

Entonces, ¿Cuál es la condición actual del cristiano? Se puede resumir así: ha nacido de nuevo, es un emigrante en este mundo, y es protegido con poder. Este último no quiere decir que no hay peligro. Hay muchos que mueren por su fe. Otros sufren pérdidas económicas, burlas, rechazos, y otras formas de sufrimiento. El poder es uno que no nos protege de problemas, sino que garantiza que llegaremos a nuestra meta. Mediante la fe ustedes son protegidos (guardados) por el poder de Dios, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo. (1 Ped 1:5) El poder de Dios nos guardará para una salvación futura. Algunos cristianos tienen una idea errada que dice que Dios nos protegerá de problemas en este mundo – que no debemos sufrir enfermedades ni pobreza. Simplemente no es la promesa que Pedro menciona. No es la esperanza que tenemos. La esperanza que tenemos es algo futuro, no de este mundo.

Pero los primeros versículos de Pedro también hablan de una condición futura – una herencia. La herencia que anhelamos se describe en cuatro formas. Es incorruptible – en algunos países los impuestos sobre herencias pueden llegar hasta 40% de su valor. Las personas que no reciben dinero, sino un bien, terreno, casa, o algo semejante que ha estado en su familia por generaciones lo tienen que vender para poder pagar el impuesto. Nuestra herencia en el cielo no desaparecerá, no nos será quitada. Es inmaculada – sin ninguna imperfección, defecto o deficiencia. No se marchitará – no será como el pasto o las flores que duran un ratito, sino que es permanente. Reservada en los cielos – todavía no se ve porque no es de este mundo, pero sí está garantizada para los cristianos.

¿Porque hay gente que salen de su país para ser emigrantes en otro? Aquí podemos reconocer dos cosas que tienen sentido espiritual también. El peregrino viaja porque tiene la esperanza de llegar a un mejor lugar y el peregrino viaja a pesar de las tribulaciones porque tiene esperanza. Hay una esperanza, y esta esperanza es la motivación. No es que la vida de un emigrante es fácil. El emigrante vive lejos de su casa, aguanta condiciones no ideales, y puede sufrir discriminación en el país donde se encuentra. Vive todo eso sin volver a su país de origen porque tiene la esperanza de tal vez encontrar algo mejor. Cuanto más nosotros, teniendo la promesa segura de Dios que tenemos una herencia reservada para nosotros, debemos ser motivados a sufrir cuando sea necesario para llegar a esta meta. No es algo que “tal vez” o “quizá” o “a lo mejor” sea posible. Es una realidad garantizada por la Palabra de Dios. Vale la pena sufrir si es necesario. Vale la pena ser pobre si es necesario. Vale la pena ser perseguido si es necesario para llegar a nuestro destino. Como bien dice Pablo: Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Cor 4:16-18)

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