Unidad y sana doctrina sin credos ni confesiones es posible

Introducción

El movimiento de Restauración existe, en parte, por la condición antibíblica de un gran segmento de las iglesias en los inicios del siglo 19. Las iglesias de Cristo o iglesias cristianas nacieron con unas metas: 1) promover unidad bajo la autoridad de la Biblia con el Nuevo Testamento como constitución de la iglesia y 2) con la iglesia unida y fortalecida por la sana doctrina, evangelizar al mundo.

Parte de la idea del movimiento de Restauración, entonces, atacaba cualquier cosa humana que podría provocar división innecesaria en la iglesia y desviar las iglesias de la sana doctrina que viene directamente de la Biblia. Dentro de esta idea hallaron a los credos y confesiones (como la de Westminster) una amenaza a la creencia y unidad de la iglesia. Ahora, cabe aclarar que específicamente estaban criticando el uso de credos y confesiones como interpretaciones oficiales o pruebas para decidir quien realmente es salvo. Hay otros posibles usos de credos y confesiones, como usos didácticos, que seguirían siendo aceptables. Pero, los credos y confesiones pierden su autoridad si uno decide volver a la Biblia.

Hace unos años, me di cuenta de una tendencia de asociar los lemas del movimiento con credos y la teología sistemática (o cualquier intento de mantenerse firme en doctrinas bíblicas) con las grandes confesiones de fe. Creo que las dos equivalencias son falsas y dañinas. Por eso, quiero dirigirme a aclarar el escenario un poco.

Categorías claras

Distinciones legítimas pueden ser difíciles, pero la capacidad de hacer distinciones es fundamental para la sana doctrina. Uno de mis profesores de seminario, Jack Cottrell, enfatizaba la importancia de categorías claras y detalladas en el trabajo teológico. Unos detalles te dicen cuales hongos son comestibles y cuales pueden ser letales. Las dos pistas en una carretera pueden ser semejantes, pero si andas contra el tránsito es sumamente peligroso. Muchas pastillas se parecen, pero sirven para enfermedades muy distintas. La confusión es peligrosa. Hay diferencias importantes entre lemas y credos y entre confesiones de fe e insistencia en las doctrinas expresamente enseñadas en la Biblia.

Para algunos, a lo mejor, estas distinciones parecen ser “semántica”, o distinciones inventadas por sutilezas con el vocablo que no refleja diferencias en la práctica. Antes de defender las distinciones particulares que quiero aclarar aquí, déjame un momento solicitar a mis compañeros en la fe cristiana a no ceder a la flojera intelectual. Esto sí requiere algo de pensamiento cuidadoso y detallado. Si no estamos acostumbrados, puede ser difícil, pero vale la pena. Para los que están en liderazgo, es su deber poder cuidar bien al rebaño (de nuestro Dios, el cual Él compró con Su propia sangre) de los lobos que vienen vestidos de oveja (Hechos 20:28ss). Tenemos que darnos cuenta de diferencias a veces sutiles que señalan problemas con lo doctrinal, lo moral, o el amor fraternal (1 Juan) para saber quién realmente es “de nosotros”. Este discernimiento es un indicador de madurez espiritual (Hebreos 5:12-14).

Confesiones de fe y credos versus lemas y teología sistemática

Contra confesiones de fe y credos

Aunque voy a criticar las confesiones de fe que usan los presbiterianos y bautistas (como la de Westminster o la de Filadelfia) mientras defiendo a lemas, teología sistemática, e insistencia en doctrinas enseñadas directamente en la Biblia; se puede reconocer que no estoy en contra de todo uso de credos y confesiones de fe. Un credo, como el Credo de Nicea, puede ser útil para enseñanza, una forma fácil de memorizar ciertas doctrinas, un resumen conveniente de creencias. El uso problemático es cuando el credo incluye ideas extrabíblicas (o antibíblicas) y pasa a ser usado para determinar si uno realmente es cristiano. Cuando los credos se ocupan para determinar si uno es hermano en Cristo o en necesidad de evangelización, el credo llega a ser más importante que la Biblia. Por ejemplo, el credo apostólico tiene la frase que Jesús descendió al infierno. No es una frase bíblica ni tampoco es un concepto bíblico. Se basa en un malentendido sobre la palabra hades. Uno puede estar en desacuerdo con esta frase y ser un cristiano maduro. Si alguno ocupara este credo para juzgar excluiría a verdaderos cristianos injustificadamente. Incluso si afirmo todas las frases en un credo, no ocupo el credo sino la Escritura para comprobar las doctrinas que salen de allí.

Creo que también puede ser válido usar confesiones de fe (aunque en este contexto no se llaman confesiones de fe) en el contexto institucional para proteger a una iglesia, fundación, o misión de desviación doctrinal. En los siglos 19 y 20 se vio como el liberalismo teológico se apoderó de universidades, iglesia, e, incluso, denominaciones enteras. Confesiones de fe dentro de los estatutos de una institución cristiana que previenen cambios fuertes son entendibles. Otra vez, en cuanto es posible, creo que estos deben limitarse a cosas enseñadas directamente en la Biblia. Uno no quiere prevenir seguimiento de la Biblia. Reconozco que mis creencias son imperfectas. No sé en cuales puntos doctrinales estoy equivocado (sabiéndolo, lo cambiaría), pero reconozco que nadie es perfecto. No quiero que la próxima generación esté obligada a seguir en mis errores. Tampoco quiero que se desvíen de lo esencial y central. Por ende, si una institución hace una declaración de fe, debe ser cuidadosamente pensada con mucha oración. Claro, que aquí no estamos hablando de un uso partidario (esté de acuerdo o no, eres mi hermano) ni tampoco autoritativo (todos mis hermanos están obligados a estar de acuerdo).

Por lo tanto, aunque no estoy de acuerdo y estoy dispuesto a poner algunas de estas cosas en estatutos institucionales, no son requisito para hermandad cristiana. Aunque estoy fuertemente en desacuerdo, tengo hermanos pentecostales y carismáticos, calvinistas, con pastores monárquicos, y dispensacionalistas. Creo que están equivocados, pero no puedo imponer sobre ellos ninguna confesión ni credo. Lo que puedo hacer es intentar convencerlos desde la Escritura. Puedo hacer estudios y prédicas en 1 Corintios 13:10; Ezequiel 18; Hechos 20:28; o Apocalipsis 20 para convencer a mi hermanos que la Biblia enseña otra cosa. Lo que no puedo hacer, ni ningún conjunto de cristianos pueden hacer, es hacer una confesión de fe como para obligar a estos hermanos a cambiar su doctrina o ser excomulgados.

El intento de usar estos instrumentos para lograr unidad o fidelidad ha pasado. Los dos instrumentos han sido completamente ineficaces. Muchas iglesias han usado credos y confesiones para establecer doctrinas oficiales y así lograr unidad. El problema principal es que credos y confesiones son productos de seres humanos falibles y pueden equivocarse. Hasta los credos más antiguos tienen frases dudosas. No podemos elevar la tradición humana al mismo nivel que la Palabra de Dios.

El problema segundario es que no funciona para dar unidad. Los grupos que usan credos han experimentado cambios grandes en su doctrina (como la iglesia católica) y divisiones sin fin (como los bautistas o presbiterianos). Utilizar un credo o confesión en enseñanza no sería malo, pero la tentación siempre es elevar estos instrumentos al nivel de una interpretación oficial, finalmente usurpando la autoridad de la Biblia. La mejor base para la unidad es Cristo mismo.

Como todos los cristianos tienen básicamente la misma Escritura, podemos, por volver a ella, lograr una unidad verdadera y profunda, con armonía y un mismo sentir, en lugar de una unidad superficial basado en ignorancia, confesiones humanas, o la imposición de una jerarquía. Por un lado, la Biblia nos guía a la verdad de Dios, puesto que “su palabra es verdad”. En la Biblia tenemos las palabras de Dios, exhaladas por su boca; un estándar inquebrantable. Una unidad fundamentada sobre el cimiento de las palabras de Cristo es una unidad estable que puede resistir a cualquier tormenta que venga. Por el otro lado, la Biblia también insta unidad y, por ser la constitución de la iglesia, reconocida ampliamente en el mundo cristiano, es el mejor factor viable para promover unidad y verdad en la iglesia que Cristo fundó.

Hermanos, les ruego ¡dejan las confesiones de fe y credos que reemplazan a la Palabra de Dios! Úsen los credos o las confesiones de fe para enseñanza y declaraciones de fe para alineamiento institucional. Pero no sirven como autoridad. Son un sustituto pobre y dañino.

Defensa de lemas

El Movimiento de Restauración ha usado lemas como instrumentos didácticos en lugar de confesiones y credos. Tenemos frases como no somos los únicos cristianos; pero somos únicamente cristianos y donde la Escritura habla nosotros hablamos; donde la Escritura calla nosotros nos callamos, como también ningún credo sino Cristo, ningún libro sino la Biblia, ningún nombre sino el divino y hacemos cosas bíblicas en formas bíblicas y con nombres bíblicos. Tales lemas sirven para enseñar principios y valores, no para imponer doctrinas.

Con la primera se enseña que no pretendemos decir que los bautistas y presbiterianos no son cristianos. Sin embargo, al poner el nombre “de Cristo” o “cristiana” estamos intencionalmente deshaciéndonos de otras lealtades. Aunque apoyo el bautismo, no soy bautista sino cristiano. Aunque apoyo un presbiterio en cada iglesia, no soy presbiteriano sino cristiano. Aunque hay cosas admirables en Juan Wesley, no soy Wesleyano sino cristiano. Hay cristianos en cada uno de estos grupos, pero apoyo la idea de ser cristiano sin ningún otro apellido. Si mi esposa admira a otra persona tanto que empieza a usar su apellido, yo no estaría muy contento. A lo mejor este otro es mi amigo o colega, pero no por eso quisiera que mi esposa tomase su apellido.

Con la segunda se reconoce que no podemos ir más allá de lo que dice la Biblia (problema con muchas confesiones de fe y catequismos) ni descuidar lo que la Biblia claramente enseña (lo que hacen muchas iglesias ecuménicas hoy). No estamos en libertad de hacer esencial lo que la Biblia no hace esencial ni tampoco restar de lo que la Biblia hace esencial. Es una tentación constante en la historia de la iglesia. Si uno es honesto es una lucha que todos enfrentamos. Tengo cosas que me gustaría tratar como esenciales que no son. Hay enseñanzas claras que me gustaría bajar el perfil para pasarlo bien en ciertas iglesias. Mas, no tengo libertad de hacer ninguno de estos cambios. Debo ser fiel a la Palabra tal cual.

El uso de lemas para fines didácticos no es lo mismo que usar credos y confesiones como autoridad. Los lemas del Movimiento de Restauración no son usados para determinar si uno realmente es cristiano. No conozco ningún caso de alguien que argumenta que si no usas tal lema tal cual no eres hermano mío.

Defensa de teología sistemática

Todo cristiano que reconoce que la Biblia es la Palabra de Dios, inspirada e inerrante, necesariamente va a ver lo que dice en distintas partes y unir estas ideas en un todo coherente. Esto es natural y bueno porque creemos que el mismo Espíritu Santo inspiró a los profetas (2 Pedro 2:20-21), también inspiró a los salmistas (Hebreos 2:7), y a los Apóstoles (Juan 16:13). Tenemos que tratar a toda Escritura como algo que proviene directo de la boca de Dios (2 Timoteo 3:16).

Cuando hablo de teología o doctrina no estoy pensando en la historia de doctrina. Muchos programas de teología o doctrina se enfocan en lo que dijo Agustín o Aquino sobre tal tema o el desarrollo de la teología a lo largo de la historia pensando en el humanismo, la ilustración, la reforma protestante y otras “escuelas” o “épocas” del desarrollo de doctrinas. Son estudios interesantes, pero la doctrina necesaria es lo que sale de la Biblia como producto de estudio cuidadoso con la herramienta de buenas prácticas de hermenéutica para llegar al sentido original de cada texto considerado. Aquí la opinión de un Calvino o un Knox puede ser interesante, pero no es autoritativa. Es lo que la Biblia enseña lo que vale.

No hay ningún texto bíblico que explica todo sobre la salvación o sobre la cristología. Para entender la salvación, hay textos de toda la Biblia que van a influir. Hay enseñanzas sobre la cruz, sobre la resurrección, sobre la gracia, sobre la fe, sobre el arrepentimiento, sobre el bautismo, sobre la santidad que hay que estudiar. Hay que hallar cómo se pueden entender en una forma coherente. Si la Biblia enseña que la salvación es por gracia y también que el bautismo es parte del plan de la salvación, ¿cómo se puede entender? Bueno, se puede entender que el bautismo es una condición, pero no una obra meritoria. Se puede entender que es la ocasión en la cual la salvación se otorga no una causa de la salvación. ¿Esto sale de algún texto bíblico? Sí. Si te interesa se puede buscar más información en dosisdedoctrina.com/?s=bautismo y, especialmente ¿Es bautismo necesario para ser salvo? Si es necesario, ¿es salvación por obras? – Dosis de Doctrina.

Por ende, teología sistemática es natural y necesaria. Cada anciano-pastor, profesor de religión, o expositor de la Palabra tendrá que hacer teología sistemática. La única pregunta es si lo hace bien o no. Nadie es perfecto y no exigimos perfección. Exigimos una medida cristiana de humildad, mucha fidelidad, y un buen monto de esfuerzo. Amando a Dios con la mente requiere nada menos.

Ahora, si yo hago teología sistemática, ¿voy en contra de mi postura contra credos, confesiones de fe, y catequismos? No. Primero, no me pongo como autoridad sobre nadie. Solo apunto a la autoridad de la Biblia e intento sacar conclusiones de sus enseñanzas. Segundo, mi intención es didáctica, un uso que acepto incluso en el caso de los antemencionados instrumentos. Acuérdense que en el Movimiento de Restauración no estamos en contra de usos didácticos de un credo, sino de su usurpación del papel que solo la Palabra de Dios puede y debe ocupar.

Unidad y fidelidad a doctrinas expresamente enseñadas en la Biblia

Hay doctrinas que la Biblia misma hace pruebas de la fe cristiana. Por ejemplo, el monoteísmo sale en casi cada hoja de la Biblia. La deidad y humanidad de Cristo son atestiguadas ampliamente, pero también hay textos que parecen hacerlas doctrinas esenciales (Juan 8:24; 1 Juan 2:22; 2 Juan 7). La muerte y resurrección literal y física de Jesucristo también (1 Corintios 15:3ss) es claramente esencial. La Biblia condena cualquier desviación de la salvación por gracia (Gálatas 1:6ss). El bautismo es esencial (Juan 3:5) como también la fe (Hebreos 11:6) con arrepentimiento (Hechos 26:20; Lucas 13:3; Apocalipsis 2:5). Se dan cuenta que estoy buscando textos que no solamente enseñan algo, sino que dicen de alguna forma “sin esto no puedes ser salvo”. Con tales textos busco construir una lista de doctrinas esenciales. Obviamente uno debe creer todo lo que la Biblia claramente enseña. Al decir “debe” quiero decir que uno está moralmente obligado a creer todo lo que la Biblia claramente enseña.

Con eso también creo que Cristo dejó en el Nuevo Testamento un patrón para su iglesia. A través de sus propias enseñanzas y las de los Apóstoles que Él designó, nos ha dejado instrucciones para ser una iglesia fiel. Ahí encontramos cosas como la reunión dominical con sus componentes principales, la pluralidad de ancianos/pastores en lugar de un solo pastor (o el formato episcopal), y buenas prácticas para la convivencia cristiana. Las cosas más amplia y claramente enseñadas en el Nuevo Testamento deben ser aceptadas por todos. A veces esto no sucede (por temas personales, tradición, o adherencia denominacional). Es lamentable que con una lealtad dividida, muchas iglesias se han dividido sobre cosas donde la Biblia no tiene ninguna ambigüedad. Por ejemplo, si el bautismo es parte de ser salvo (Hechos 2:38; 1 Pedro 3:21) o si la Cena se hace cada domingo (hay dos textos a favor – Hechos 20:7 y 1 Corintios 11:20 – y cero que enseñan otra frecuencia). Por supuesto cualquier atentado contra el fundamento epistemológico (de conocimiento) de la fe cristiana (es decir, la Biblia) también debe ser rotundamente rechazado y refutado. Dada su importancia para todo lo demás, la inspiración de la Biblia también es esencial y fundamental, es nuestro cimiento y única fuente de verdad absoluta. Ninguna otra cosa transciende el predicamento egoísta para ver a la realidad desde el punto de vista privilegiado del Dios omnisciente.

Claro, todos pueden presentar otros argumentos usando la Biblia. A lo mejor pueden usar algo de Israel para cambiar la frecuencia de la Cena o hacer contorsionismo hermenéutico para deshacer 1 Pedro 3:21, Hechos 2:38; Juan 3:5 y un montón de pasajes más para hacer del bautismo nada más que un símbolo o testimonio en lugar de parte del plan de salvación. Eso hacen también los Testigos de Jehová, los mormones, y hasta el diablo (Lucas 4:9-11). Pueden hacer la vista gorda a TODOS los textos que hablan del liderazgo de la iglesia bajo un ancianato (NUNCA habla de un solo pastor en la iglesia). Pueden ignorar el texto 1 Timoteo 2:12 para implementar el feminismo en la iglesia y basarse en una mala interpretación de Gálatas 3:28. En estas cosas donde la Biblia es clara pero las iglesias inventan otras cosas para justificar sus tradiciones no puedo evitar ver algo muy lamentable… infidelidad a la Palabra de Dios. Iglesias que se desvían en estas cosas pueden ser hermanos en Cristo si se adhieren a los esenciales, pero es difícil tener mucha confraternidad con ellos. No creo que tengan derecho de llamarse “iglesias de Cristo” ya que demuestran que tienen otro amo aparte. No puedes servir a dos amos.

Hay otras cosas que creo donde reconozco que son más difíciles de entender. Perspectivas sobre la segunda venida, el cesacionismo, y esquemas de interpretación de Apocalipsis son buenos ejemplos. Tengo convicciones claras y hago enseñanzas sobre las mismas. Soy mucho más flexible frente desacuerdos en estos ya que reconozco que son interpretaciones y deducciones un poco más complicadas.

Conclusión

El movimiento rechaza el uso de credos, confesiones de fe, y catequismos en cualquier forma que usurpa la función de la Biblia. Rechazamos agregar a la Palabra como también de restar de ella. Los lemas, la teología sistemática, y la insistencia sobre doctrinas claramente enseñadas en la Biblia son coherentes con la idea del Movimiento. A pesar de una similitud superficial entre credos y confesiones por un lado con lemas y sana doctrina por el otro lado, pensamiento crítico revela un mundo de diferencia que hace los credos y confesiones sean indeseables, mientras que la sana doctrina y principios didácticos expresados en lemas sean deseables. Cualquier iglesia que quisiera ser “de Cristo” debe adherirse a la sana doctrina y se recomienda fuertemente vivir conforme a estos lemas, rechazando sistemas doctrinales humanos a favor de la Palabra de Dios. Lo que quiero animar es fidelidad a Cristo nuestro Señor.

Para seguir leyendo sobre este tema se recomienda lo siguiente…

Moses Lard 1863, un extracto. Reforma y restauración de la Iglesia de Cristo
Credos y confesiones de fe se habían acumulado a tal punto que las bibliotecas gemían bajo su peso, y sus contenidos llamaron la atención. Aunque puede ser el caso que fueron diseñados originalmente para componer disputas, servían más para aumentar la intensidad de la discordia religiosa; y en lugar de unir a los amigos de Cristo en afecto fraternal, alejaron los hijos de Dios el uno del otro, poniendo entre ellos barreras de doctrina y práctica que fueron insuperables por hombres concienzudos y devotos. Diseñados en un principio, quizá, para excluir solamente al error, en el transcurso del tiempo llegaron a excluir solo la verdad. En lugar de ser repositorios para la mente y espíritu de Cristo, pululaban con materia decadente de soñadores audaces, o dogmas crudos de especuladores errantes. Para los pragmáticos, fueron enciclopedias de doctrina y filosofías para criticismo, recopilación y muestra de empirismo. Para el cristiano humilde, fueron pequeños tomos, con mucha oscuridad, poca luz, y ninguna adaptación para el corazón ni la mente de gente común. Cualquier defensa que se puede hacer por los credos (y para los razonables no hay), son en el fondo, una destitución de la Palabra de Dios como regla suficiente para la fe y la práctica. Son una declaración implícita de que o Cristo no pudo dar una norma suficiente para su pueblo, o que simplemente no lo hizo. En el primer caso, lo destituyen a Él, en el segundo caso, destituyen su Palabra; en todo caso, son una desgracia para aquellos que los escriben, y para aquellos que los aceptan.

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